lunes, 13 de marzo de 2017

Duelos varios

El asunto con los duelos y yo es que estamos muy habituados uno al otro. Es de las relaciones más estables en mi vida. Eso o sólo divago otra vez.
El principal y más obvio es, claro, la muerte. Me pesan principalmente los fantasmas que vienen con la ausencia de quien muere. Los objetos, los espacios, la música, la comida, los olores, todo lo que va ligado en mi memoria (traicionera y obsesiva) con la persona que se va. Me niego a volver al sitio donde irremediablemente voy a revivir los momentos pasados con ella. Pasó mucho tiempo, por ejemplo, para que volviera a casa de mi abuela y entrara a su habitación. Me recosté en la cama donde murió y viví todo otra vez.  Muchos años antes de eso, la primer persona cercana  en morir fue mi abuelo materno. Recuerdo exactamente que estábamos a punto de comer cuando nos enteramos. Desde entonces ese platillo está ligado a su muerte. 
Mi miedo/odio/rechazo a hablar por teléfono y la particular tensión extra que me provoca escuchar el timbre a horas inusuales viene de cuando tuve que decirle a Julia que su hermana había muerto, justo la noche en que ella no la cuidó en el hospital. 
La tarde que supe que el hijo de Mar no iba a nacer y, su mirada de perro triste me ahogaba, fue de las más extrañas. En el mismo piso las mujeres esperaban su turno para entrar al quirófano y ella sabía que, a pesar de las contracciones, iba a parir un feto muerto que seguía nadando en su interior.

Los otros duelos son distintos, también se me muere algo pero normalmente la pena la vivo sola.  Alguna vez se me murió el amor, se me pudrió porque lo ahogué o se secó, ya no lo sé bien. Pero Julia también solía decir que siempre pensó que, a pesar de todo, ella y mi padre terminarían sus días juntos.  De ahí quizás me venía esa sensación de que, al final de todo, Rubén y yo terminaríamos volviendo a encontrarnos.  Recientemente estando tan sola me dio por revivir esa idea: error. Él está roto, necesitado de amor, de antidepresivos y sólo.  Mi corazón dijo: es el mismo que cuando lo conociste, es el mismo que te daba miedo y luego se te volvió adicción. Este es el momento de reencontrarse. Pero no, no lo es. 
Duelos breves otros no tanto. Cerrarte a todo lo nuevo porque irremediablemente se te va  a morir. Porque la última vez apenas comenzabas a acostumbrarte al miedo, a esta cosa rarísima de ser una opción para contarte algo nuevo, algo malo, algo simple, algo viejo, algo que no le dejaba dormir y quería compartir contigo.  Hasta que no. Porque así es, así es siempre y el error es tuyo por olvidarlo, my dear.
Los duelos eternos, los que no pasan y se instalan en la sala contigo. Los otros, que esperas  pacientemente terminen mientras te permites llorarles y beber a su salud. Que terminen, que terminen, que terminen, que terminen...


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