martes, 31 de enero de 2017

Istmeña

En un universo alterno nací en el sur, vivo de la política (como el resto de la familia), seguramente estoy casada con algún istmeño con el que tuve un par de hijos y bebemos a diario. Compro trajes para las fiestas y ahogadores, preparo la limosna y bailo toda la noche. Convivo cada fin de semana con los primos, tíos, sobrinos, ahijados y conocidos de la matriarca. Hablo un zapoteco a medias entre chingados y tengo acento al hablar en castellano. Voy al mercado cada mañana y platico con las marchantas, me peleo con los hombres de los moto taxis. Compro iguana, pescado, queso fresco y huevos de tortuga. Llevo flores para el altar de la casa y fruta. Me abanico para mitigar el calor húmedo y pongo la hamaca en la tarde, luego de comer, para descansar. A media siesta se escuchan las voces de las tías que llevan un huipil nuevo o vienen a platicar de la próxima Vela, bebiendo una cerveza. Debajo de un almendro en el patio, las sillas se van llenando con los hombres, las mujeres empezamos a preparar algo para cenar. Risas, mezcal, una guitarra y  el calor va cediendo igual que luz de la tarde. 

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