Alguna vez Ángela me quiso y decía que era un Helter Skelter. Nunca como ahora tuvo razón o sí, no lo aprecié en su momento. Pero su comparación tenía sentido: unos días arriba otros abajo, en el fondo. Hoy fue bueno, ayer no. En el auto me quise poner a llorar luego de un mensaje, porque interpreté lo que quise de unas líneas sin mala intención. Luego el silencio porque huir es algo que hago muy bien. Porque la tristeza inmoviliza, me vuelve incapaz. El nudo en la garganta aparece cuando quiere y me ahoga.
Despiertas a destiempo con los dientes adoloridos por dormir varias noches tensa, con la mandíbula apretada y sintiendo que nada va a mejorar. Las pesadillas no ayudan y el frío. El frío que siempre va a recordarte su frase: el invierno siempre es el mismo, por eso te pone triste, M.
La noche previa vuelves necia a buscarlo, a descubrir en sus palabras un punto de encuentro: está tan roto como tú. Te sientes tan sola que piensas en buscarlo para compartir su miseria, pero no es sano. No deberías, no. Pero estás sola y él te entendería. Pero es nocivo para ti, como el alcohol que te embriaga tan fácilmente ahora. Y la última vez saliste tan mal herida que tienes miedo, necesitas algo más. Necesitas esa rara seguridad que no existe en él, no en él.
Te quedas quieta, no haces nada por miedo. Esperas que mañana sea mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario